No
se conoce con exactitud el origen del día de La Diabla en nuestra localidad. Ni existen datos documentales en archivos
parroquiales o municipales que nos den pista sobre su antigüedad.
Es prodable que guarde relación directa con la rememoración
y celebación que durante años se hizo en el
mundo católico de la mantaza de San Bartolomé,
sucedida en París la mdadrugada del 24 de Agosto de
1572.
Bajo el reinado de Carlos IX, en plena guerra de religión
en Francia entre católicos y protestantes calvinistas,
los católicos con la complicidad de la municipalidad
de París y del propio monarca, prepararon una conspiración
para acabar con la preponderancia calvinista. Aprovechando
la oscuridad de la noche y ataviados con ropas estrafalarias,
se armaron con garrotes, horcas, bieldos, etc. Matando a los
principales jefes protestantes y miles de seguidores.
Este luctuoso y condenable hecho, se rememoró con violencia
en ciertos lugares mientras permación la rivalidad
entre ambos bandos, quedadon luego en el mundo católico
como simple celebración tradicional y festiva.
Otra posibilidad es que la fiesta tenga relación directa
con el Santo de ese día, ya que según la tradición
cristinana, San Bartolomé, uno de los primeros discípulos
en predicar el evangelio, fue acosado por el diablo con engaño
y tentaciones, teniendo que librar una encarnizada batalla
de la que el Santo salió victorioso. Tal vez recordando
esto, esa noche la tradición enfrentaba de nuevo al
Santo con el Demonio (La Diabla).
Sea como fuere, la tradición cuenta con una historia
reciente que se remonta como mímimo a principios del
siglo pasado, y se mantuvo ininterrumpidamente hasta principio
de los setenta, según testimonio oral de los mayores,
que al recordarla desde la perspectiva de su infancia, nos
narran de la mejor manera posible la esencia de esta costumbre.
Viviéndolo y sintiéndolo como si de ayer se
tratara, nos cuentan, que durante todo el año La Diabla
había estado encerrada entre los muros de la iglesia
o en la torre campanario, bajo la custodia de San Bartolomé.
Llegada la noche del 23 de Agosto, a las doce en punto, se
soltaba o escapaba La Diabla . Si la noche mágina para
los más pequeños era la de Reyes, en la de San
Bartolomé tenían el contrapunto. Era noche para
estar recogidos, temerosos de ver aparecer a este personaje
con el que más de una vez se les amenazió si
desobeciían. Cuando la noche era cerrada, las calles
poco iluminadas y los callejones casi a oscuras dejaban entrever
las sombras de seres vestidos con "trapos" negros,
empeñados en disimular la anatomía y semiocultar
las caras.
Faldones, tocas, blusones, pañuelos cubriendo las cabezas,
ropas de desecho de antiguos lutos, cualquier ropaje oscuro
podía servir como vestuario. En la mano portaban una
escoba o algún palo, luces en la cabeza y siempre acompñadas
del sonido de cadenas o "ristre" de lastas arrasando,
restos de las ataduras que les habían mantenido presas.
Vagaban rápidas y hudizas a veces o amedrentadoras
y pesadas otras. Salían a llevarse niños "malos",
de esos más traviesos que muchas veces se reían
de La Diabla, pero a la hora de la verdad se "zurraban"
los primeros. A golpe de palo o escobazo intentaban abrir
las puertas, librándose sólo de las protegidas
con cruces de Caravaca, o calaveras fabricadas a base de calabazas
o sandías descarnadas por dentro, con los juecos de
ojos, nariz y boca, iluminados por la luz rojitza de una vela
en el interior.
Otro arma para persuadirla era poner en el pasillo, cerca
de la puerta, un monigote fabricado con dos palos o escobas
cruzadas, que una vez vestido y por cabeza la mencionada calabaza,
daba casi tanto miedo como la propia Diabla. Así sucedía
años tras año hasta la fecha antes citada.
A pesar de novovlver a celebrarse en años sucesivos,
la tradición siguió viva en el recuerdo de los
valverdeños, y las nostalgia por la costumbre llevó
a un grupo de personas a resucitar y revivir un pocoo la magia
de aquella noche, allá por principios de los noventa.
Entonces, el día señalado, se vistieron con
atuendos apropiados, rememorando de alguna manera el deambular
de las Diablas por las calles. El recorrido terminó
en la plaza del pueblo, en plena verbena inicio de las fiestas
de Agosto, sin que tuviera trascendencia en años posteriores.
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